El fuego crujía frente a nosotros, rompiendo el silencio con su danza hipnótica de llamas y chasquidos. La cabaña era pequeña, de madera rústica y vieja, pero cálida. Por primera vez en semanas, no temía por lo que había fuera. Y sin embargo, lo que tenía que decir ardía más que el fuego.
Cael estaba sentado frente a mí, con los codos apoyados sobre las rodillas, observando las brasas como si pudiera encontrar respuestas allí. El vínculo entre nosotros palpitaba suave, presente. No lo hablábamos