Alfa Ava
La casa de Madam Merrie estaba en silencio cuando llegué.
El aire olía a hierbas secas, a incienso, a magia antigua.
La ventana estaba entreabierta y dejaba entrar una brisa suave que agitaba las cortinas como si la casa misma respirara.
Me detuve un momento en la entrada, cerrando los ojos, dejando que el calor del lugar me envolviera una última vez. Aquí había encontrado refugio. Aquí había encontrado a alguien que me comprendía, que no me juzgaba.
Pero no podía quedarme. No después