La tensión en el búnker era palpable, un cable de acero tirante que resonaba con cada movimiento, con cada mirada evitada. Clara, sumergida en la tarea burocrática que Félix le había asignado como un castigo silencioso, sentía el peso de ese silencio como una losa sobre los hombros. Sus dedos se deslizaban sobre la tableta, anotando cifras de suministros y revisando tiempos de respuesta, pero su mente era un eco vacío. El orgullo profesional que siempre la había definido yacía pisoteado, reduci