El silencio en el búnker se había vuelto diferente. No era la quietud expectante de antes, sino un vacío sonoro que parecía absorber hasta el último suspiro. Clara despertó en la cama de seda, y su primera conciencia fue la de la ausencia. La impresión del cuerpo de Félix en el colchón ya se había borrado, y el espacio a su lado estaba frío, intocable. Él no había venido esa noche. La muralla de hielo que se había erigido entre ellos durante la discusión era ahora física, tangible.
Se levantó y