La firmeza que proyecté frente a Romina fue un espejismo. Un castillo de naipes construido sobre la arena movediza de la mirada de ese hombre. Esa mirada que me taladraba aún desde la distancia, desde el piso de arriba, desde la UCI. "Usted. Era usted." Su voz ronca, un eco que se enredaba en mis pensamientos, interponiéndose entre yo y las indicaciones médicas que debía revisar.
Amanda se acercó, deslizando una taza de té caliente frente a mí sobre el mesón de la estación.
—Toma. Parece que lo