La alerta en la tablet era un latido rojo y silencioso en la oscuridad de la furgoneta. Todas las miradas se clavaron en ella, ese pequeño rectángulo de luz que ahora dictaba nuestra realidad. La voz del senador Riviera, cargada de pánico y confusión, se había esfumado en el éter, dejando solo un silencio pesado y la urgencia de una nueva crisis.
«Intruso. Nivel 4. Ala Oeste. Mansión Principal.»
Las palabras parpadeaban, frías e impersonales. Nivel 4. Eso significaba una brecha significativa, n