Las palabras en la pantalla titilaban, absurdas y aterradoras. «Despiértala.» ¿A quién? ¿A mí? ¿Era una metáfora? ¿Un código?
—¿Qué significa esto? —pregunté, alzando la vista hacia Rojas, cuya expresión era tan legible como una losa.
—Significa que tiene acceso —respondió él, con voz neutra—. A todo. La red, los recursos, los activos. El jefe lo autorizó. Usted es el comando temporal hasta su regreso.
—¿Su regreso? —La risa que me salió fue un sonido amargo, cargado de histeria—. ¡Lo viste, Ro