El SUV negro se deslizó frente a la entrada principal del Hotel Montclair, donde se celebraba la gala benéfica del HUSA. Faros de cámaras destellaban como relámpagos, iluminando la alfombra roja por donde desfilaban médicos, empresarios y políticos con sonrisas pulidas y miradas ambiciosas. Yo iba al brazo de Félix, sonriendo.
Sonreír era lo único que podía hacer sin que me temblara el cuerpo.
El vestido rojo era una segunda piel, ajustado, elegante, letal. El collar de platino pesaba en mi cue