La suite de Clara en la clínica era un santuario de silencio, pero esa noche el silencio gritaba. El eco de la palabra "colaboración" resonaba en cada rincón, en cada superficie impecable. Se había quitado el vestido de gala, pero la sensación de traición seguía pegada a su piel como una película sucia. No lloraba. La rabia era un bloque de hielo en su pecho, demasiado pesado para las lágrimas.
Félix no vino. No llamó a la puerta. Su ausencia era otra capa de hielo, una confirmación tácita de q