El mundo se redujo a sombras rojas y sonidos de pánico. El pulso electromagnético había barrido con todo sistema electrónico en un radio de diez metros, sumiendo el corazón del búnker en una edad de piedra tecnológica.
—¡Doctora! —la voz de Alessio cortó la oscuridad, cargada de una furia vindicativa—. ¡Qué error tan estúpido!
Clara retrocedió instintivamente, chocando con el frío metal del rack de servidores ahora muerto. Podía oír a Leo, el técnico, hiperventilando cerca.
—Fue… fue una sobrec