El convoy de Félix surcó la noche como un rayo de ira sobre ruedas. Dentro del vehículo principal, la atmósfera era tan densa que se podía cortar con un cuchillo. La frustración por haber caído en la trampa de Alessio se transformaba en una furia helada al conocer el mensaje de Kael. ¿Estaba tendiendo otra trampa, o era su búsqueda de redención?
—Gael, dame ojos —ordenó Félix, su voz un latigazo en el silencio del vehículo.
Gael, con los dedos volando sobre un portátil militar, pirateó las cáma