El nombre "Hypnos" resonó en el silencio del cybercafé como un mal presagio. Mientras el equipo de Rojas completaba el registro infructuoso del local, Clara no podía apartar la mirada de esa etiqueta descolorida. Sueño. Muerte. Samuel Corvalán había bautizado su obra con el nombre de un dios, otorgándole una dimensión mitológica a su locura. No se veía a sí mismo como un científico, sino como una fuerza de la naturaleza, un heraldo del sueño eterno.
De regreso a la clínica, la atmósfera era som