El amanecer encontró a Clara en su nuevo despacho, una estancia amplia con ventanas blindadas que ofrecían una vista engañosa de la serenidad de los jardines. Había pasado las últimas horas revisando inventarios, memorizando planos y estableciendo protocolos con Anya. La clínica era una máquina perfecta, pero una máquina que necesitaba una mano que la guiara. Su mano.
Un suave golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos. Era Anya, su rostro ya mostraba las primeras señales de un liderazgo in