Los días siguientes se convirtieron en una pesadilla de precisión metódica. Clara se sumergió en el tumor de John con la obsesión de quien busca un error en su propia sentencia de muerte. Cada mañana, el técnico anónimo dejaba la comida y una tableta actualizada con los últimos estudios neuroquirúrgicos. Cada tarde, Kael proyectaba su informe diario de bajas, una letanía de muertes evitables que clavaba agujas de culpa en la conciencia de Clara. Y entre medio, la amenaza espectral de Liam, que