XLVIII

Sentí pena de la soledad por la que Alexander estaba pasando, estuve siguiéndolo durante varios días y me di cuenta que salvo las conversaciones de negocios y las interacciones esporádicas con sus amigos no hablaba con nadie más. Fue cuando denote que había desperdiciado demasiado vida odiándolo y que realmente el no lo merecía, aunque no era un santo de mi devoción... Era un hombre cruel, sanguinario, frívolo... Una persona inusual que escondía esas tétricas características detrás de su fachad
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