Mundo ficciónIniciar sesiónDivorciada, traicionada y embarazada, Lara decide que huir de la ciudad es su mejor opción. Pero el destino no se quedará de brazos cruzados y jugará sus mejores cartas para llevarla de regreso a la vida de su ex esposo, Marco, quien la ha traicionado con la hermana de Lara.
Leer másElla es como una luz te contagia de su alegría con tan solo una sonrisa que te dé. Ella cree en los cuentos de hadas, terminando enamorada de Kerry un alfa que le promete amarla por siempre porque están destinados por la diosa luna, pero lego de un año juntos todo se desmorona.
Para el alfa ella ya no es suficiente usando su trabajo como excusa para irse y disfrutar de los placeres de la vida, engañándola sin importarle el dolor que eso le provocara a ella.
Ella vive siega por el amor que le siente, así que no le toma importancia a que cada noche sufra de dolor hasta quedar inconsciente para que el siguiente día nuevas marcas aparezcan adornando su piel.
Ella sufre en silencio por amor.
Él la ama, pero ama más su propio placer.
Ella lo espera cada noche, pero nunca aparece.
Él vuelve, aunque ya es demasía tarde.
Lara El sonido de la puerta me obligó a levantarme del sofá. Caminé hasta ella, casi arrastrando los pies. Eran las 9 a.m. y apenas me desperté hace media hora. Mi hermana me dejó quedarme con ella un tiempo hasta que Enzo regresara a la ciudad. Me encontraba sola. Daniela se fue a trabajar. Abrí la puerta, sin esperar lo que me encontraría detrás de ella. Mi respiración se detuvo y mis labios se entreabrieron por la sorpresa. El mundo dejó de girar a mi alrededor. Automáticamente me sentí en la boca del lobo. Era Marco, de pie frente a mí. —¿Qué haces tú aquí? —Mi voz sonó autoritaria. —No estabas en la dirección que me enviaron. Una vecina de tu apartamento me dijo que te encontraría aquí. Entrecerré los ojos con desconfianza. —¿A qué viniste? ¿Cómo me encontraste? —No fue muy difícil. —¿Enviaste a alguien a que me investigue? —No me sorprendía. Marco tenía ese poder, pues todo lo resolvía con dinero. —¿Puedo pasar? —No —lo detuve y cerré la p
Lara Mi mundo se detuvo en seco cuando mis ojos se reencontraron con los de Marco después de meses. Meses en silencio y lejos del peligro que él significa para mí. Pero me vio, y al verme, también los vio a ellos. Nuestros hijos. —¿De quién es ese bebé? —preguntó, sin darse cuenta de que las fechas no cuadraban. Mi vientre era enorme. No era uno, son dos. —Enzo —mis labios se movieron con el fin de protegerme. Marco apretó los puños a los costados de su cuerpo y tomó de la mano a Irina. Caminó hacia mí y la mirada fue tan intensa que pensé que me quebraría, pero no demostré debilidad. Me hice fuerte estos meses sin él. No fue fácil el divorcio, pero traté de recomponerme porque tenía que ser fuerte por mis hijos. Estuve sola por tres meses, hasta que Enzo y yo nos encontramos por casualidad en las calles del centro de Connecticut. Me vio embarazada, hizo las típicas preguntas. Enzo se distanció de Marco porque su hermano lo atacaba todo el tiempo, fiel a sus creencias.
Marco Cinco meses después, sigo pensando en todo lo que ha cambiado. Han pasado siete meses desde que tuve la última noticia de Lara. La última vez que la vi fue cuando la rechacé. Recuerdo que sus piernas flaqueaban de dolor después del rechazo. Su espalda, su cabello largo y castaño, sus tacos chocando contra el suelo y el dulce aroma de su perfume fueron lo último que grabé en mi mente sobre ella. Cuando la vi marcharse, decidida y firme, sentí una punzada de dolor en el pecho. Un dolor que no creí que sentiría al dejarla cuando me enteré de que me engañó con mi hermano Enzo. Había tanto odio en mi interior cuando Irina me contó la verdad con pruebas. Tuve que tomar una decisión y separarme de Lara. Ella me traicionó. Confié en ella y me clavó un puñal por la espalda. ¿Con mi propio hermano? ¿Cómo pudo hacerme esto a mí? Apenas tuve contacto con Enzo. La única relación que mantuvimos fue hace tres meses cuando tuvimos que reunirnos virtualmente por un asunto de
Lara —¿Qué es esto, Marco? —le pregunté, mirándolo fijamente. Marco hizo silencio. Un silencio frío, doloroso y despedazante. —Contesta, Marco —pedí, dejando bruscamente la carpeta en el escritorio. Él rodeó el escritorio, alejándose de mí y enfrentándome cara a cara. Un escritorio era lo único que nos separaba, pero la distancia se sentía infinita. —Es una broma, ¿verdad? —No lo es —se apresuró a decir, sin bajar la mirada. Se veía aún más serio que al principio. Mi corazón se estrujó en mi pecho y las náuseas me atacaron. No por el embarazo. Por la situación. —¿Entonces me estás diciendo que te quieres divorciar de mí? —Sonreí, con la esperanza de que fuera una broma. —Es exactamente lo que estoy diciendo. Entreabrí la boca para decir algo, pero las palabras no brotaban de mi boca. Sin embargo, una mezcla de emociones arrolladoras me atravesaba el alma. Miré a mi esposo, al hombre que amaba, pero él no me miraba con ojos de amor. Ya no. ¿Qué había pasad
Último capítulo