Bajé las escaleras de mármol con el sonido de mis pasos resonando en el gran vestíbulo. El aire en la mansión siempre se sentía un poco más denso, cargado de una elegancia que a veces me asfixiaba. Me dirigí directamente al comedor principal, donde el aroma a café recién hecho y pan tostado ya inundaba el ambiente. Mis padres ya estaban sentados en sus respectivos lugares, como cada mañana, envueltos en esa rutina perfecta que tanto me costaba mantener.
—Buenos días —saludé con voz suave, ace