Gemma siguió a la ama de llaves de su mamá hasta el jardín exterior, pero se detuvo en seco al encontrarse con un grupo mucho más numeroso del que esperaba. Allí estaban tanto su familia como la de Sebastian, mezclados entre sí, envueltos en conversaciones animadas, dedujo por las sonrisas dibujadas en sus rostros.
Sus sobrinos y los de Sebastian, al menos los más grandes, corrían por el jardín, armando el alboroto que solo ellos sabían provocar. Los más pequeños, en cambio, descansaban tranqui