Sebastian alzó la vista cuando escuchó los golpes en la puerta de su oficina y dejó a un lado la tableta en cuanto vio quién entraba.
—Sebastian —saludó Ginevra con una sonrisa que, esta vez, él no pudo, ni intentó, corresponder.
Descubrir que ella había sido la responsable de que Gemma y él pasaran años separados, cuando podían haber estado juntos y felices, aún lo enfurecía. Si se hubiera tratado de un hombre, probablemente le habría partido la cara de un golpe; pero era una mujer, y su madre