Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire olía a café recalentado y perfume barato, y su madre estaba ahí, en medio de la sala, con los brazos cruzados y el ceño fruncido como si hubiera estado esperando toda la tarde con el veneno acumulado.
— ¿Quién te trajo? — preguntó Rebeca, sin saludar, sin siquiera un "hola".







