Partido. 2

Aileen ni se inmutó, seguía sentada, distraída, jugando con la mano de Leo, que descansaba tranquila sobre su muslo, deslizaba un dedo entre sus nudillos, bajaba por el borde de su palma, volvía a subir siguiendo una vena que se marcaba con claridad.

— Eres el sueño húmedo de cualquier enfermera. — dijo, con una sonrisa torcida sin levan

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