Las verdades. 5
Aileen entró al salón y, como esperaba, encontró a Leo ya sentado al lado de su pupitre, con esa sonrisa traviesa que la hacía querer golpearlo y reír al mismo tiempo, sus ojos brillaban con picardía, y parecía disfrutar cada segundo de verla caminar hacia él. Ella lo ignoró por completo, sacó sus libros y se sentó con cuidado, tratando de no darle pie a que él hablara primero, pero Leo, incapaz de quedarse callado, apoyó los codos sobre su pupitre y se inclinó hacia ella, con voz suave, casi i