Mundo ficciónIniciar sesiónAileen no se lo pensó dos veces, agarró una rama gruesa, mojada por la llovizna, y se la lanzó con rabia.
— ¡Para que aprendas a no morder traseros ajenos, bicho del infierno! — la rama voló directo, con puntería perfecta, y le rebotó justo en la cabeza, el lobo soltó un quejido leve, más de indignación que de







