Las verdades. 1
La madrugada los sorprendió entre risas, chapoteos y gruñidos, Aileen sentía el cuerpo ligero, casi olvidando las tensiones del día, pero la fatiga la alcanzó de golpe: sabía que, si no dormía un poco, al amanecer estaría insoportable, se sumergió sin decir nada y desapareció entre la negrura del agua, Leo, al darse cuenta de que no salía, se tensó de inmediato, nadó con fuerza hacia donde la había visto hundirse, los músculos rígidos y el corazón en un puño.
— ¡Aileen! — rugió, con un deje de