La noche era fría y húmeda, con un viento que soplaba fuerte desde las alturas, arrancando pequeños remolinos de los charcos dispersos en la plataforma del helipuerto. Lilia se abrazaba a sí misma, su chaqueta delgada apenas lograba resistir el embate del clima. La vista desde lo alto del edificio era espectacular, un mosaico de luces de la ciudad que parpadeaban en la distancia, pero la atmósfera estaba cargada de tensión. Nikolai estaba a su lado, imponente contra las luces intermitentes del