Lilia miró a los hombres frente a ella, sintiendo cómo el frío del miedo comenzaba a mezclarse con la adrenalina que inundaba su cuerpo. No podía mirar a ningún lado sin que la ansiedad le oprimiera el pecho. El ruido del rotor del helicóptero era ensordecedor, pero no lo suficiente como para enmascarar la tensión que ahora impregnaba el aire.
—¿Qué quieren? —preguntó finalmente, con voz temblorosa, intentando no dejar ver el pánico que intentaba instalarse en su interior.
El hombre que había ha