Naia
El silencio de la cabaña tenía una textura diferente esta mañana. Ya no era el silencio tenso de la espera, sino uno más denso, casi profesional. Artem llevaba horas encerrado en el pequeño despacho de la planta alta con Viktor. Sabía que, aunque estuviéramos en nuestra burbuja de paz, el mundo de los Belov no se detenía.
Escuchaba el murmullo bajo de sus voces a través de la madera, el tono imperativo de Artem y las respuestas rápidas de Viktor. Entendía que él tenía que seguir siendo el