Naia
El despertar no fue una explosión de luz, sino una lenta y pesada ascensión desde las profundidades de un océano de obsidiana. Al principio, no había nada más que un silencio absoluto y una sensación de ingravidez que me hacía dudar de mi propia existencia. No sentía dolor, no sentía frío, solo una paz extraña y lejana. Pero entonces, un sonido empezó a perforar la bruma. Era un ritmo constante, un bip... bip... bip... que parecía anclarme a algo sólido.
Poco a poco, mis sentidos regresaro