Naia
Pasé el resto de la tarde caminando de un lado a otro en el penthouse, sintiéndome como un animal enjaulado. El silencio del apartamento, que antes me parecía elegante, ahora era asfixiante. Las palabras de Artem en su edificio se repetían en mi cabeza como una sentencia de muerte para cualquier rastro de dignidad que me quedara: "No tenemos una relación lo nuestro es un maldito contrato".
Me senté en el suelo del balcón, abrazando mis rodillas contra mi pecho mientras veía cómo el cielo