La bodega al fondo del almacén no era muy grande. De hecho, era una simple sala llena de cajas de madera. El fuego no había llegado al lugar aún, pero el humo estaba haciendo estragos justo ahí. Sin ventanas, con una sola puerta y cuatro paredes bastante gruesas de pared, Darío miró a su alrededor buscando una mínima fuente de luz. La luz del fuego le daba parpadeos de vez en cuando, pero cuando un jadeo agotado se oyó a la distancia Darío supo que lo había logrado.
No encontró allí ningún sold