Alberto tomó aire. —No te quiero románticamente, menos aún si tienes un nieto mío en ti. Solo deseo el bienestar de Artem y de los míos. Teniéndote a ti segura, puede que él se ablande más conmigo. Pero, más allá de eso, debes saber que lo único que pediré a cambio es que tu arma nunca se alce contra mí. Si no, al contrario, como yo espero proteger al ser que darás a luz, espero que tú también puedas ser capaz de protegerme a mí y a mi mafia, y velar por esta confianza que estoy depositando en