Alyssa se cruzó de brazos, apoyándose en el umbral con una pequeña sonrisa victoriosa.
—Sigues siendo tan encantador como siempre —murmuró con el corazón latiéndole a gran velocidad, sabiendo que a Eros le encantaba mimarla y exaltarla.
Eros se inclinó hacia atrás en su silla y la observó con detenimiento, palmeando su regazo con una sonrisa pícara hacia su esposa. Alyssa recorrió la sala en tres saltos y saltó hacia las piernas de su esposo, quien la atrapó y supo acoplarla contra él como si e