El efecto de los analgésicos fue abandonando el cuerpo de Alyssa tan lentamente que cuando recordó quien era, dónde estaba y qué había sucedido, ella gritó de terror y se incorporó sobre su camilla.
Eros corrió a socorrerla, deteniéndola por sus hombros y tratando de acallarla de los demonios que la atormentaban. Alyssa fue vagamente consciente de que Eros estaba allí, abrazándola, y de que ella estaba respirando con mucha dificultad, como un toro cansado. El corazón de Eros latía duro y firme