—Es…
—Varón —completó Eros, quién se veía gris y envejecido en aquella habitación mal iluminada y mohosa—. ¡Nos equivocamos, maldita sea! —exclamó lanzando su pistola contra el suelo. Esta explotó en cien mil pedazos, lanzando cartuchos y esquirlas de metal por todas partes.
El bebé gimió, quedándose sorpresivamente en silencio. Aquello llamó la atención de todos los presentes en la sala, incluso del atormentado demonios Eros. Eso encendió una luz en la mirada de Elián.
—Reconoció tu voz —dijo