Alyssa estuvo toda la noche despierta, sin pegar ni un ojo ni dar descanso a su mente. No solo era difícil poder dejar atrás su nombre, sino que también debía dejar atrás aquel lugar que la mantuvo segura la última media década. Y, como si eso no fuese suficiente, ahora debía pagar por su libertad, con diez asesinatos y una boda.Ella no estaba lista para un matrimonio, había evitado su vida romántica los últimos años. Había tenido citas, ciertamente, había salido con un par de chicos e incluso en algunos momentos se permitió tener una vida sexual activa con un compañero suyo de la universidad. Pero de eso a un matrimonio con el heredero del futuro jefe de la mafia italiana, era un salto loquísimo que a Alyssa no le gustaba mucho.Con todos aquellos pensamientos perturbándola, Alyssa se levantó de la pequeña pero cómoda cama de invitados. La habitación estaba a oscuras, era acogedora, con un baño, un closet y un escritorio, una ventana por la cual podía ver las luces de la ciudad más
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