La risa de Egan resonaba por toda Sacra Corona, llenando el espacio con una calidez que Alyssa nunca pensó que volvería a sentir provenir de su pecho al estar de nuevo en su hogar. Lo veía corretear y saltar entre los muebles blancos, con una espada de juguete en mano, fingiendo ser un valiente caballero enfrentándose a enemigos invisibles. Sus mejillas enrojecidas por la emoción y la energía desbordante de un niño de siete años le arrancaban una sonrisa involuntaria. Su hijo estaba feliz, sano