31.
RAQUEL
Entro al apartamento y cierro la puerta con más fuerza de la necesaria. El sonido seco rebota en las paredes y se me clava en el pecho. Me apoyo contra la madera, con la frente baja, respirando de forma irregular, como si acabara de correr una distancia imposible.
Mis piernas tiemblan.
Todo me tiembla.
La voz de Sara todavía me resuena en la cabeza, afilada, segura, ocupando un espacio que no deja aire. Advertencia. Demandas. No te acerques. Cada palabra cae como una piedra que se suma