30.
Michael
El hospital huele igual que todos los días anteriores: desinfectante, café viejo y algo más difícil de nombrar, una mezcla de cansancio y miedo. Camino por el pasillo con las manos en los bolsillos, los hombros tensos, como si todavía esperara que alguien me detuviera y me dijera que no puede salir, que nada de esto terminó.
Pero terminó.
Al menos oficialmente.
Veo a Sara sentada en una de las sillas de la sala de espera del ala psiquiátrica. Está vestida de calle, ropa que le resulta f