22.
SARA
Cuando Michael dice la palabra divorcio, algo en mí deja de hacer ruido.
No es un estallido. No es un grito. Es peor.
Es silencio.
Lo miro sin verlo del todo, como si mi cuerpo siguiera en la habitación pero mi mente hubiera dado un paso atrás para no romperse ahí mismo. Sus labios siguen moviéndose. Explica. Aclara. Dice que no es por un hijo que no conoce, que no sabía, que no planeó. Dice muchas cosas.
Yo solo escucho una.
Se termina.
—No —respondo, y mi voz suena extraña, ajena—. No q