23.
Michael
El nudo en mi garganta no se afloja ni siquiera cuando las ruedas de la camilla dejan de sonar contra el piso.
Sara cruza las puertas del área de psiquiatría con la mirada perdida, envuelta en una bata que no le pertenece, más frágil de lo que jamás la había visto. No grita. No se resiste. Eso es lo que más me duele. La obediencia vacía, como si ya no le quedaran fuerzas ni siquiera para luchar.
Me quedo de pie, inmóvil, observando cómo una enfermera ajusta la pulsera en su muñeca y otr