21.
MICHAEL
No dormí.
No de verdad.
La noche pasa como una sucesión de sombras y respiraciones contenidas, de pasos silenciosos por la casa, de miradas constantes hacia la puerta del dormitorio por miedo a que vuelva a ocurrir. Me siento en el borde del sillón, luego en el suelo, luego otra vez de pie. El reloj avanza sin piedad y cada minuto me pesa como una condena.
Sara duerme a ratos. Un sueño frágil, inquieto. Se mueve, gime en voz baja, frunce el ceño. Cada vez que lo hace, mi corazón se ace