Alfredo no lo pensó dos veces y regresó a su departamento. Hizo una llamada a su amante y, aunque había pasado mucho tiempo desde la última vez, la mujer no tardó en llegar, como siempre. En realidad, Alfredo la apreciaba; sin importar cuándo la buscara, ella siempre parecía feliz y nunca le exigía nada. Era precisamente por esa razón que su acuerdo había durado tanto tiempo.
—Alfredo, ¿en qué piensas? —preguntó ella mientras ambos yacían en la cama después de haber estado juntos. Él jugaba con