Leo se quedó pasmado al ver a Valeria cruzar el control de seguridad. De repente, una extraña soledad se apoderó de él.
—Es una buena chica.
Se giró, incrédulo, y se encontró con la expresión inusualmente seria de Alfredo. El impacto de esa mirada lo dejó sin palabras por un instante.
—Sí, la verdad es que sí lo es.
Su voz salió apenas como un susurro.
—Vámonos, regresemos juntos. No traje carro, así que me llevas.
Desde el asiento del copiloto, Leo observaba el perfil de Alfredo mientras este