—Leo, de verdad lo siento. No sé por qué las cosas terminaron así. Cuando te vi irte, me preocupé mucho. No debí…
Viendo que Rubén estaba escuchando todo, Leo se sintió avergonzado y bajó la voz.
—Ya, no te culpo. Fui yo quien entró sin tocar, fue mi error. Ahora, ¿puedes irte?
—Ya que estoy aquí, ¿no me invitas ni un vaso de agua? —preguntó Alfredo con un tono casi lastimero.
—No tengo agua. Se me acabó hace días, sobrevivo a base de saliva.
—Pues veo que el señor Alarcón tiene un café—señaló