Bianca paseaba por las calles de Aarhus, en Dinamarca, disfrutando del paisaje rural. No podía creer que existiera una ciudad así, con sus calles tan limpias y ordenadas que parecían un tesoro bien cuidado. Se veía la costa, el mar azul salpicado de veleros blancos y yates que se deslizaban sobre el agua. Era un lugar hermoso.
Lo que menos esperaba era encontrarse en una de esas calles con dos personas conocidas, caminando de la mano con una complicidad evidente.
Francisco soltó la mano de su p