Era de esperarse que Rubén y Francisco se fueran, pero no pensé que lo harían tan rápido. Rubén simplemente me llamó y me dijo: “Te encargo la empresa por ahora”, y luego desapareció por completo. Se acabaron mis días de ocio. Seguramente en otra vida me quedé en deuda con Rubén, porque en esta me tocó matarme trabajando para él.
Ese Alfredo no dejaba de molestarme. No sé qué se trae entre manos. Aunque tengo una ligera sospecha, he decidido ignorarla. Hay cosas que es mejor no decir.
Estaba es