—Francisco, con saber que alguna vez me quisiste, me doy por satisfecha. Al menos lo que sentí por ti no fue en vano.
Bianca sonrió con una dulzura y melancolía.
—Con eso es suficiente.
—Bianca… —la llamó Francisco con urgencia.
Sintió cómo la mano de ella se deslizaba lentamente de la suya. Luego, la vio darse la vuelta y comenzar a alejarse sin prisa, sin mirar atrás.
La mujer a la que alguna vez amó con toda su alma, ahora lo abandonaba. Francisco abrió las manos, contemplando el vacío. ¿Qué