Rubén y yo siempre hemos sido amigos, socios y cómplices. Lo vi desenvolverse con soltura entre todo tipo de hombres y mujeres, siempre con un dominio absoluto de la situación. Por un lado, lo admiraba; por otro, me daba algo de lástima, porque en realidad nunca ha sabido cómo amar de verdad.
Cuando conoció a Francisco, noté un cambio en él. Nunca lo había visto tan ansioso por alguien. Incluso me confesó que quería conquistarlo. Eso me sorprendió muchísimo, porque él siempre conseguía lo que q