Inés señaló un edificio de departamentos.
—Ahí es. ¿Ves esa ventana? La que tiene colgada una toalla toda rota. Es esa.
—¿Y cómo sabes que está en casa ahora? —preguntó Efraín.
—Pues, piénsalo. ¿A dónde más podría ir? Su esposa lo tiene bien checado todo el día. Yo creo que hasta lo vigila cuando va al baño.
Efraín no pudo evitar pensar en la enorme brecha generacional entre ellos.
—Y ahora, ¿qué hacemos? —preguntó Inés, con un brillo de emoción en los ojos—. ¿Y si tocamos y nos abre la esposa?