El silencio de la madrugada en la mansión era sepulcral, pero en la mente de Blair se desataba una tormenta de ceniza. Se removía entre las sábanas de seda, con la respiración entrecortada y un sudor frío perlándole la frente. El vínculo con Nix, ahora restaurado y sangrante, actuaba como un altavoz para su agonía.
—No... por favor, todavía no... —balbuceaba Blair entre sueños.
En su pesadilla, no aparecía el rostro de Carmelo, ni el látigo, ni la nieve de la Tierra de Nadie. Solo había sangre